El secreto detrás de los clásicos de la literatura

El secreto detrás de los clásicos de la literatura

Los clásicos de la literatura son incontables y no dejan de ser buenos pese haber sido leídos miles de veces. Esos libros que leemos una y otra vez sin descanso. Esos que siempre tienen algo nuevo para ampliar nuestros horizontes. No todo lo que brilla es oro y hay que admitir que los clásicos no serían clásicos sin editoriales. No importa si se habla de las grandes epopeyas griegas, de las lecturas del siglo de oro o de las novelas vanguardistas del siglo XX; sin el trabajo de los editores, muy probablemente el Quijote se hubiese perdido en el tiempo, por ejemplo. Entonces vamos a ver qué es lo que sucede con una buena lectura y el trabajo de la edición.

 

¿Por qué las editoriales son tan importantes para los clásicos?

La respuesta es simple: son las compañías que se encargan de materializar los libros y distribuirlos. Es cierto que las grandes obras de literatura no siempre fueron editadas. Pensando en los escritos de Garcilaso, Cervantes, Rimbaud, etc. no había quién se preocupase si tenían errores o no. Claro, el problema con esto es que sin alguien que reprodujera las obras, nadie las habría leído. En el caso de Rimbaud, por ejemplo, existe el problema de que fue ignorado mientras fue escritor y mucho tiempo después unos poetas lo alzaron como el padre del surrealismo. Ahora analicemos varios aspectos por los cuales los clásicos dependen tanto de las compañías editoriales.

 

Traducciones y adaptaciones

Uno de los problemas más grandes que presentan las lenguas es que se mantienen evolucionando. Están en cambio constante y es por eso que si leemos una edición del Quijote sin una adaptación del vocablo usado por Cervantes en la época, no entenderíamos mucho de lo que está escrito. Las editoriales siguen corrigiendo libros viejos y lo seguirán haciendo conforme la lengua vaya cambiando. Si nos proponemos el hecho de comprender cómo era el lenguaje arcaico en un libro, podemos lograrlo, pero no es la solución más sencilla o sensata.

Por otro lado tenemos las traducciones que son de suma importancia para que un clásico, se convierta en un clásico mundial. Si las editoriales no contaran con traductores muchas personas se quedarían sin disfrutar de diversas obras. Por ejemplo, Shakespeare no hubiese salido de países anglosajones, o Cervantes no hubiese salido de España y los países de habla hispana. Es cierto que lo ideal sería leer las obras en el idioma original, puesto que la traducción logra que se pierda medianamente la esencia de la misma. Pero no es tan fácil aprender 20 lenguas distintas.

 

Descubrimiento de nuevos talentos

Sin editoriales, los clásicos no serían clásicos porque no habría manera de que una sola persona pueda imprimir, venderlas por su cuenta y distribuirlas en una región. Es un trabajo que requiere mucho esfuerzo. García Márquez no hubiese logrado convertirse en un gran literato sin que alguien publicara sus obras. J. K. Rowling, aunque sea discutido si su obra es un clásico o no, intentó muchas veces que se publicara La piedra filosofal, pero logró un éxito impresionante.

Muchas personas vociferan acerca de la calidad que ha perdido el mundo de las artes cada vez. El problema con estas personas es que se niegan a leer, escuchar, ver y apreciar lo nuevo. Superventas ha habido siempre y muy pocos han logrado convertirse en clásicos de lectura obligatoria. Antes de negar a un nuevo escritor, sería bueno darle una oportunidad.

 

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